sábado, 12 de junio de 2010

¿QUÉ TENGO QUE HACER PARA ENSEÑAR CONFORME A LAS PARTICULARIDADES DE LA MATEMÁTICA?

Lo primero que se debe hacer es una capacitación para construir competencias docentes en relación al proceso de enseñanza – aprendizaje a través de la resolución problemas. Obviamente en esa capacitación vendrá incluida la planeación, puesta en práctica o desarrollo y la evaluación con esta metodología.

Ya se ha practicado de esa forma, sin embargo creo que no es suficiente.

Además hay que preparar planteamientos problemáticos necesarios y suficientes para abordar todos los temas, mismos que deben estar adecuados a la vida cotidiana y contexto del estudiante.

También se debe buscar la complementación de las actividades con temas correlacionados con los matemáticos que sean de contenidos axiológicos.

Y hacer hasta lo imposible por lograr el interés y gusto del estudiante por aprender matemáticas, la resolución de problemas ayudará al logro de tal fin, hará falta mucho más, aunque ya lo decía la lectura de la semana anterior, hay cosas como el interés que no se pueden sembrar en el estudiante, y creo yo que mucho menos en la adolescencia, que es el periodo en que están nuestros estudiantes, no hay que claudicar sigamos intentando.

Será necesario dominar la competencia docente de las Tics, ya que es necesario su uso en el proceso enseñanza – aprendizaje de la matemática.

lunes, 7 de junio de 2010

EL APRENDIZAJE Y DESARROLLO DE COMPETENCIAS

Últimamente nos han estado acercando a través de varios medios al conocimiento que nos permita planear nuestra labor docente a propósito de lograr que los estudiantes desarrollen competencias, mediante aprendizajes significativos y situados en la realidad.
Aparece una primera interrogante sobre si los logros que busca el mundo del trabajo son semejantes a los logros generales que la educación desde siempre ha proclamado que persigue, en términos de la lectura parece ser que hay o cuando menos anteriormente había grandes diferencias entre los objetivos académicos de la escuela y los operacionales del mundo del trabajo. Hasta donde tengo conocimiento, en el método anterior llamado hoy tradicional, las competencias que se pretendían desarrollar eran más académicas. Actualmente se están incorporando las competencias operativas y no creo que estas últimas estén desplazando a las primeras, más bien complementándose, lo teórico con la puesta en práctica de dichos conocimientos.

Un planteamiento más es que si la práctica queda desprovista de sentido si se le desarrolla sin análisis y reflexión teórica. Desde el particular punto de vista sí, entonces en el ámbito educativo es indispensable no desproveer la práctica del análisis y reflexión teórica, ya que estás desarrollando competencias relacionadas con el saber, el hacer, el ser y el estar.
Es importante diferenciar los objetivos en base a competencias que persiguen el sector educativo y el empresarial o en palabras más precisas de Vargas. ¿En qué estriba la diferencia que hace a los académicos alejarse de la capacitación para atrincherarse en la educación, al mismo tiempo que a los empresarios alejarse de ésta para atrincherarse en aquella? Considero que los objetivos académicos son vincular la práctica con la teoría y además incluir los contenidos axiológicos. Y los industriales tendrán como objetivo, que la capacitación de su personal reditúe en mayor y mejor producción con inversión mínima y por tanto mayores ganancias.
Acaso en las evaluaciones de cualquier materia, ¿se analizan y reflexionan los cambios estructurales y personales ocurridos en los estudiantes en tanto seres humanos por encima de los contenidos programáticos? Creo que hasta hace poco no se veían evaluaciones de este tipo y efectivamente hasta antes de la reforma de 2004, al menos en mi dirección general no se consideraban, mucho menos en un examen final, los cambios en los estudiantes en tanto seres humanos. Ahora en el proceso de la formación constructivista y en particular el aprendizaje significativo, se incluyen contenidos sobre los valores de la persona. Ojalá pronto se vean los resultados positivos.
Ahora nos preguntamos si todo aprendizaje es significativo o esta concepción es nueva para nosotros y nuestros estudiantes. Algunos autores creen que el aprendizaje memorístico y discursivo no es significativo. Aquí tengo diferencias y basado en la lectura creo que depende de el interés del estudiante respecto al objetivo y como sean situados las estrategias de aprendizaje. Los enfoques educativos nos han dicho que el ser humano aprende significativamente sólo aquello que percibe como necesario para la sobrevivencia o el desarrollo de si mismo, esta es la concepción que nos han inculcado que se debe considerar y desarrollar para el logro de un aprendizaje significativo.
Me parece demasiado interesante el siguiente planteamiento problemático. ¿Qué aprendizajes y qué competencias podría desarrollar un estudiante de secundaria que teme volar en avión si se le sitúa dentro de la cabina de un Boing 747 y se le pide que lo haga despegar y lo lleve a 16,000 m de altura? El problema sí está situado en una realidad problemática concreta, sin embargo no está situado dentro de las posibilidades reales del estudiante y menos dentro de su interés personal. Mucho sucede esta situación con mis estudiantes se tiene que abordar un problema que hace referencia a un contenido matemático y al acceder a él, el alumno no tiene las posibilidades reales de abordarlo, es decir no tiene los conocimientos previos que se necesitan y que ya fueron trabajados en instancias académicas anteriores. Además tampoco está el problema y menos el contenido matemático dentro de su interés personal.
Y que es competencia, según Pérrenoud capacidad de actuar de manera eficaz en un tipo definido de situación, capacidad que se apoya en conocimientos, pero que no se reduce a ellos. Sin duda en estos tiempos es indispensable que el estudiante desarrolle competencias para ser capaz de desenvolverse en la sociedad actual. Los docentes de bachillerato, amén de que ya tengamos algunas competencias, debemos desarrollar otras que como facilitadores tenemos que dominar para efectuar correctamente nuestra labor. Y efectivamente hoy con la incorporación del término competencia en la educación, el proceso ya no se reduce a la adquisición de conocimientos, ahora es mucho más que eso y solo se apoya en ellos. Además de acuerdo a Gonczi una competencia es una serie de atributos, conocimientos, valores, habilidades y actitudes, que se utilizan en diversas combinaciones para llevar a cabo tareas ocupacionales. Excelente complemento en la definición ahora vamos por la acción, a lograr que nuestros estudiantes desarrollen competencias en esos aspectos.

¿Y cómo se reconoce una competencia? Es claro Pérrenoud al expresar que una competencia se reconoce al relacionar de manera adecuada los conocimientos previos con un problema. El conocimiento y la comprensión van de la mano con la competencia. El conocimiento y la comprensión se deben construir desde el comienzo, forman parte integral de la competencia, siendo constituyentes significativos de ella en pos de los nuevos es decir de la construcción de una nueva competencia.

Se puede concluir que el aprendizaje significativo se asimila en el plano del ser y se integra a conocimientos anteriores.
Lo que relaciona las competencias, el aprendizaje significativo y situado es que en todos se considera la acción como parte esencial, es decir el proceso educativo a través de resolución de problemas del interés del estudiante, de su vida cotidiana, para que construya su propio conocimiento, a través de la ejecución de una competencia en la movilización de conocimientos previos, para asimilar unos nuevos y desarrollar en consecuencia una nueva competencia.
Incluyo una conclusión de Vargas demasiado importante qu e a la letra dice: que sea poco o muy significativo un aprendizaje no depende del maestro, ni de las estrategias educativas, ni del programa, ni de la institución, sino del propio interés del estudiante que por lo demás no puede ser “sembrado” como tal por el maestro.
Termino respondiendo a mi manera de ver la pregunta ¿el aprendizaje es algo tan absolutamente trivial que se puede observar y medir con base en unas simples preguntas a propósito de unos contenidos cualesquiera?
Definitivamente no, hoy día se tiene que procurar un aprendizaje significativo y situado, asimismo el desarrollo de competencias, en cuatro saberes, el conocer, el hacer, el ser y el convivir, procurando el desarrollo integral del estudiante, como futuro profesionista, ciudadano y principalmente como humano que respete y valore a los demás, asimismo y exija esto de los demás. Por lo tanto evaluar el aprendizaje implica elaborar correctamente los instrumentos necesarios y adecuados para este fin, cosa que personalmente aun no soy competente totalmente.

CONCEPCIONES DE APRENDIZAJE CONGRUENTES CON EL ENFOQUE POR COMPETENCIAS

Efectivamente son varias las concepciones de aprendizaje en las que se basa el enfoque por competencias. Históricamente algunos enfoques de aprendizaje, tienen variación con los anteriores y a veces se basan en concepciones del primero.
El enfoque por competencias es congruente con el aprendizaje por descubrimiento de Bruner, en que los estudiantes tendrán actividad directa con la realidad, descubren y comprenden yendo de los hechos a las teorías.
Es evidente que este enfoque tiene congruencia con el aprendizaje significativo de Ausubel, ya que se dice que los nuevos conocimientos deben relacionarse con los saberes previos que posea el aprendiz y además que el profesor estructura los contenidos y las actividades a realizar para que los conocimientos sean significativos para los estudiantes, que sean para ellos de interés y útiles a la vez.
En el caso del constructivismo de J. Piaget, se relaciona con el enfoque por competencias, ya que una de sus concepciones es que el estudiante construya su propio conocimiento mediante la interacción constante con el medio.
Finalmente está la congruencia con el Socio-constructivismo de Vigotski enel que es importante la interacción social, donde aprender significa aprender con otros es decir un aprendizaje colaborativo.

sábado, 8 de mayo de 2010

Mi confrontación con la docencia

ENTRE LA DOCENCIA Y MI PROFESIÓN
Un servidor Rafael Santana Reyna, inicialmente estudió para Profesor de Educación Primaria, laborando cinco años en ese nivel educativo. Durante ese tiempo realicé en sistema semi-escolarizado la Licenciatura en Matemática Educativa.
Como es evidente con mi perfil profesional, me inicié como maestro al término de mis estudios de educación normal, en septiembre de 1985, después ya con los estudios de licenciatura, en septiembre de 1990, me incorporé como profesor del Centro de Bachillerato Tecnológico Agropecuario No. 176, donde laboro hasta la fecha. Es importe mencionar que cuando estaba en tercer grado de secundaria, no tenía ninguna intención de estudiar para maestro, y por alguna circunstancia hice examen de admisión en la escuela normal y lo aprobé. El primer semestre de estancia en la normal fue un martirio, ya que no quería estudiar para maestro, sin embargo, cuando los alumnos de grados superiores fueron a practicar en diciembre, los de primer semestre fuimos de observadores y el compañero de 5º semestre que era el practicante que me correspondió observar, me obligó a que tres días fuera el practicante y gracias a ello me nació la vocación de procurar el proceso educativo a los estudiantes, así que desde 1990 estoy como docente en mi centro de trabajo.
El ser profesor es una gran responsabilidad, las deficiencias que uno pueda tener no afectan a una sola persona, sino a varios grupos de estudiantes que en 30 años de servicios están en nuestras manos procurando aprender. El poder facilitar el aprendizaje a mis alumnos me hace sentir bien, demasiado bien, principalmente por aquellos que aprovechan el tiempo, los conocimientos y experiencia que ponemos a su disposición. Por trabajar en educación siento la enorme responsabilidad de contribuir con mi grano de arena al progreso de mis alumnos, la comunidad y el país entero, mis 40 horas semana/mes y algunos tiempos extra horario, los he dispuesto, los dispongo y los dispondré al servicio de mis alumnos, muchos de ellos han aprovechado, otros desafortunadamente echan por la borda todo. Aún no me he rendido, seguiremos luchando incansablemente, superándonos, actualizándonos y no desmayaremos en el servicio a la educación.
Estuve cinco años laborando en educación primaria, es muy hermoso trabajar con alumnos de edad, ahora que llevo 19 años como docente en el nivel medio superior, he adquirido un sin número de experiencias, ya que trabajar con estudiantes adolescentes tiene su grado de dificultad, sabemos lo que conlleva la etapa de la adolescencia, todas esas circunstancias que un estudiante de nivel medio superior debe sortear, y más la heterogeneidad de caracteres, intereses, dificultades de aprendizaje, problemas familiares y personales del estudiante, que el docente enfrenta y sabrá resolver dentro de sus posibilidades. Todo lo anterior ha significado un reto, mismo que muchas ocasiones nos ha llevado a obtener el trofeo y muchas otras ha asimilar la derrota sin haber bajado los brazos antes de la hora, sino que sinceramente después de muchos intentos, ya no se puede más en algunos casos particulares. Trabajar el proceso educativo en el nivel medio superior, significa en muchos casos, nivelar las deficiencias de la educación básica y lograr que el estudiante alcance un nivel que le permita aprobar el examen de admisión y mantenerse en la escuela superior, esto conlleva inculcar en él valores, desarrollo cognitivo y desarrollo personal entre otros.
Para continuar en el barco de la educación pública, y en de mi plantel, he tenido que valorar lo que significa muchos resultados positivos, es decir, satisfacciones que hacen crecer a uno como persona y como profesionista. Ha habido satisfacciones institucionales y personales, locales, regionales y nacionales, tales como el hecho de que muchos de nuestros estudiantes aprueben su examen de admisión en diversas instituciones de educación superior y más cuando se da uno cuenta que ya son profesionistas y agradecen a nuestra institución su servicio como escuela de nivel medio superior. Una satisfacción reciente es el lugar que nuestra institución obtuvo en el concurso interinstitucional académico, en particular en matemáticas, en el estatal, regional y nacional. Y más reciente aún el progreso que tuvimos en los resultados de la prueba ENLACE, en su comparación 2008 a 2009, por particularizar en estos casos, porque hay muchos más.
El motivo de insatisfacción más marcado que reconozco es el hecho de que a varios de nuestros estudiantes, después de su estancia de tres años en nuestra escuela, no logramos que les naciera el interés por aprender, ni que abandonaran la flojera, y aunque muchas veces no es nuestra culpa, ya que se hace lo humanamente posible, pero duele no haberlo logrado. Lo más grave cada ciclo escolar va creciendo el número de estudiantes con esos problemas, sin embargo no hemos claudicado, continuamos remando aunque a veces contra corriente, esperando que con más dedicación, preparación y experiencia, logremos alcanzar lo planeado.

La aventura de ser maestro

La aventura de ser maestro

José M. Esteve
Universidad de Málaga
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Ponencia presentada en las XXXI Jornadas de Centros Educativos
Universidad de Navarra. 4 de febrero de 2003
Tras veinticinco años de recorrido profesional, el autor afirma que se aprende a ser profesor por ensayo y por error. En el camino deben sortearse distintas dificultades, como elaborar tu propia identidad profesional, dominar las técnicas básicas para ser un buen interlocutor, resolver el problema de la disciplina y adaptar los contenidos al nivel de conocimiento del alumnado[W1] .
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La enseñanza es una profesión ambivalente. En ella te puedes aburrir soberanamente, y vivir cada clase con una profunda ansiedad; pero también puedes estar a gusto, rozar cada día el cielo con las manos, y vivir con pasión el descubrimiento que, en cada clase, hacen tus alumnos[W2] .
Como casi todo el mundo, yo me inicié en la enseñanza con altas dosis de ansiedad; quizás porque, como he escrito en otra parte, nadie nos enseña a ser profesores y tenemos que aprenderlo nosotros mismos por ensayo y error. Aún me acuerdo de mi primer día de clase: toda mi seguridad superficial se fue abajo al oír una voz femenina a mi espalda: “¡Qué cara de crío. A éste nos lo comemos!”. Aún me acuerdo de mi miedo a que se me acabara la materia que había preparado para cada clase, a que un alumno me hiciera preguntas comprometidas, a perder un folio de mis apuntes y no poder seguir la clase[W3] ... Aún me acuerdo de la tensión diaria para aparentar un serio academicismo, para aparentar que todo estaba bajo control, para aparentar una sabiduría que estaba lejos de poseer...
Luego, con el paso del tiempo, corrigiendo errores y apuntalando lo positivo, pude abandonar las apariencias y me gané la libertad de ser profesor: la libertad de estar en clase con seguridad en mí mismo, con un buen conocimiento de lo que se puede y lo que no se puede hacer en una clase; la libertad de decir lo que pienso, de ensayar nuevas técnicas para explicar un tema, de cambiar formas y modificar contenidos. Y con la libertad llegó la alegría: la alegría de sentirme útil a los demás, la alegría de una alta valoración de mi trabajo, la alegría por haber escapado a la rutina convirtiendo cada clase en una aventura y en un reto intelectual[W4] .
Pensar y sentir
El camino y la meta me los marcó Unamuno en una necrológica de Giner de los Ríos, leída por azar en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza: “Era tan hombre y tan maestro, y tan poco profesor -el que profesa algo-, que su pensamiento estaba en continua y constante marcha, mejor aun, conocimiento... y es que no escribía lo ya pensado, sino que pensaba escribiendo como pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”.
”Era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir”... Miguel de Unamuno y su preocupación por enlazar pensamiento y sentimiento... Nunca encontré una mejor definición del magisterio: dedicar la propia vida a pensar y sentir, y a hacer pensar y sentir[W5] ; ambas cosas juntas. Muchos colegas coinciden en este punto. Mª Carmen Díez, desde la escuela primaria, expresa así su visión actual de la enseñanza: “ahora entiendo la escuela como un sitio adonde vamos a aprender, donde compartimos el tiempo, el espacio y el afecto con los demás; donde siempre habrá alguien para sorprenderte, para emocionarte, para decirte al oído algún secreto magnífico”. Fernando Corbalán, un profesor de secundaria, tras hablarnos de que en clase tenemos que divertirnos, buscar el ansia de saber y propiciar una atmósfera de investigación, concluye: “Y no se piense que sólo se abre la mente a los alumnos. También la del profesor se expande y se llena de nuevos matices y perspectivas más amplias, y funciona la relación enriquecedora en los dos sentidos[W6] . Mi experiencia, al menos, me dice que algunos de los juegos y problemas con los que he disfrutado, y que sigo utilizando, han tenido su origen en la dinámica de la clase... Y cuando se crea esa atmósfera mágica en clase, con los fluidos intelectuales en movimiento, pocas actividades hay más placenteras”.
Hace tiempo, descubrí que el objetivo es ser maestro de humanidad. Lo único que de verdad importa es ayudarles a comprenderse a sí mismos y a entender el mundo que les rodea[W7] . Para ello, no hay otro camino que rescatar, en cada una de nuestras lecciones, el valor humano del conocimiento. Todas las ciencias tienen en su origen a un hombre o una mujer preocupados por desentrañar la estructura de la realidad. Alguien, alguna vez, elaboró los conocimientos del tema que explicas, como respuesta a una preocupación vital. Alguien, sumido en la duda, inquieto por una nueva pregunta, elaboró los conocimientos del tema que mañana te toca explicar[W8] . Y ahora, para hacer que tus alumnos aprendan la respuesta, no tienes otro camino más que rescatar la pregunta original. No tiene sentido dar respuestas a quienes no se han planteado la pregunta; por eso, la tarea básica del docente es recuperar las preguntas, las inquietudes, el proceso de búsqueda de los hombres y mujeres que elaboraron los conocimientos que ahora figuran en nuestros libros. La primera tarea es crear inquietud, descubrir el valor de lo que vamos a aprender, recrear el estado de curiosidad en el que se elaboraron las respuestas. Para ello hay que abandonar las profesiones de fe en las respuestas ordenadas de los libros, hay que volver las miradas de nuestros alumnos hacia el mundo que nos rodea y rescatar las preguntas iniciales obligándoles a pensar[W9] .
Cada día, antes de explicar un tema, necesito preguntarme qué sentido tiene el que yo me ponga ante un grupo de alumnos para hablar de esos contenidos, qué les voy a aportar, qué espero conseguir. Y luego, cómo enganchar lo que ellos saben, lo que han vivido, lo que les puede preocupar, con los nuevos contenidos[W10] que voy a introducir. Por último me lanzo un reto: me tengo que divertir explicándolo, y esto es imposible si cada año repito la explicación del tema como una salmodia, con la misma gracia en el mismo sitio y los mismos ejemplos; llevo treinta años oyéndome explicar los temas, en algunas ocasiones, repitiéndolos dos o tres veces en distintos grupos; he calculado que me jubilo el año 2.021 y estoy seguro de que moriré de aburrimiento si me oigo año tras año repitiendo lo mismo, con mis papeles cada vez más amarillos y los rebordes carcomidos. La renovación pedagógica, para mí, es una forma de egoísmo: con independencia del deseo de mejorar el aprendizaje de mis alumnos, la necesito como una forma de encontrarme vivo en la enseñanza, como un desafío personal para investigar nuevas formas de comunicación, nuevos caminos para hacer pensar a mis alumnos[W11] ... “pensaba hablando, pensaba viviendo, que era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir...” Desde esta perspectiva, la enseñanza recupera cada día el sentido de una aventura que te rescata del tedio y del aburrimiento, y entonces encuentras la libertad de expresar en clase algo que te es muy querido. Inmediatamente recibes la respuesta: cien alumnos pican el anzuelo de tu palabra y ya puedes dejar correr el sedal, modulas el ritmo de tu explicación a la frecuencia que ellos emiten con sus gestos y sus preguntas, y la hora se pasa en un suspiro -también para ellos-. Y entonces descubres la alegría: ese momento de magia te recompensa las horas de estudio y te hace sentirte útil en la enseñanza.
No hay mejor regalo de los dioses que encontrar un maestro. A veces tenemos la fortuna de encontrar a alguien cuya palabra nos abre horizontes antes insospechados, nos enfrenta con nosotros mismos rompiendo las barreras de nuestras limitaciones; su discurso rescata pensamientos presentidos que no nos atrevíamos a formular, e inquietudes latentes que estallan con una nueva luz. Y, curiosamente, no nos sentimos humillados por seguir el curso de un pensamiento ajeno; por el contrario, su discurso nos libera y nos ensancha creando en nosotros un juicio paralelo con el que reestructuramos nuestra forma de ver la realidad; y luego, extinguida la palabra, aún encontramos los ecos que rebotan en nuestro interior obligándonos a ir más allá, a pensar por nuestra cuenta, a extraer nuevas conclusiones que no estaban en el discurso original[W12] ... Este es el objetivo: ser maestros de humanidad... a través de las materias que enseñamos, o quizás, a pesar de las materias que enseñamos[W13] ; recuperar y transmitir el sentido de la sabiduría; rescatar para nuestros alumnos, de entre la maraña de la ciencia y la cultura, el sentido de lo fundamental permitiéndoles entenderse a sí mismos y explicar el mundo que les rodea.
Las dificultades
He hablado de mis precarios inicios en la enseñanza, y de mi visión actual tras treinta años de recorrido profesional; pero, para ayudar a otros a recorrer el mismo camino, tengo ahora que hablar del proceso intermedio, e, inevitablemente, de las dificultades a sortear.
Identidad profesional
El primer problema consiste en elaborar tu propia identidad profesional. Esto implica cambiar tu mentalidad, desde la posición del alumno que siempre has sido, hasta descubrir en qué consiste ser profesor. Y aquí aparecen los primeros problemas, porque hay enseñantes que no aceptan el trabajo de ser profesor. Las dificultades suelen ser distintas entre los profesores de primaria respecto a los de secundaria.
Entre los de primaria el peor problema es la idealización: la formación inicial que han recibido suele repetir con insistencia lo que el buen profesor “debe hacer”, lo que “debe pensar” y lo que “debe evitar”; pero nadie les ha explicado, en términos prácticos, cómo actuar, cómo enfocar los problemas de forma positiva y cómo eludir las dificultades más comunes[W14] . Han aprendido contenidos de enseñanza, pero no saben cómo organizar una clase, ni cómo ganarse el derecho a hacerse oír. Así, se les ha repetido hasta la saciedad la importancia de la motivación para el aprendizaje significativo: “el buen profesor debe motivar a sus alumnos”; pero nadie se ha preocupado de que aprendieran de forma práctica diez técnicas específicas de motivación. Pese a que una de las principales tareas a desarrollar en su trabajo será la enseñanza de la lectura y la escritura, muy pocas diplomaturas de maestro incluyen un curso de lectoescritura, mientras que es frecuente que se dediquen cursos enteros al aprendizaje de la fonética.
Por estos caminos, al llegar al trabajo práctico en la enseñanza, el profesor novato se encuentra con que tiene claro el modelo de profesor ideal, pero no sabe cómo hacerlo realidad. Tiene claro lo que debería hacer en clase, pero no sabe cómo hacerlo. “El choque con la realidad” dura dos o tres años[W15] ; en ellos el profesor novato tiene que solucionar los problemas prácticos que implica entrar en una clase, cerrar la puerta y quedarse a solas con un grupo de alumnos.
En este aprendizaje por ensayo y error, uno de los peores caminos es el de querer responder al retrato robot del “profesor ideal”; quienes lo intentan descubren la ansiedad de comparar, cada día, las limitaciones de una persona de carne y hueso con el fantasma etéreo de un estereotipo ideal. Desde esta perspectiva, si las cosas salen mal es por que yo no valgo, por que yo no soy capaz de dominar la clase; y, de esta forma, los profesores novatos se ponen a sí mismos en cuestión, y, a veces, cortan los canales de comunicación con los compañeros que podrían ayudarles: ¿cómo reconocer ante otros que yo tengo problemas en la enseñanza, si el “buen profesor” no “debe” tener problemas en clase? Como señala el artículo de Fernández Cruz, la identidad profesional se alcanza tras consolidar un repertorio pedagógico y tras un periodo de especialización, en el que el profesor novato tiene que volver a estudiar temas y estrategias de clase, ahora desde el punto de vista del profesor práctico y no del estudiante de magisterio[W16] .
Entre los profesores de secundaria, el problema de la identidad profesional es mucho más grave. Como señala Fernando Corbalán: “la inmensa mayoría de los profesores de secundaria nunca tuvimos una vocación clara de enseñantes[W17] ... Estudiamos una carrera para otra cosa (matemático profesional, químico, físico,...)”. En efecto, nuestros profesores de secundaria se forman en unas Facultades universitarias de Ciencias y Letras que, ni por asomo, pretenden formar profesores. En ellas predomina el modelo del investigador especialista. Como resultado de este modelo, el profesor que llega al Instituto para explicar Geografía e Historia, y, con un poco de mala suerte un curso suelto de Ética, se identifica a sí mismo como “medievalista”, ya que, durante los últimos cinco años de su vida, la Universidad le ha insistido en la necesidad de estudiar Paleografía, Epigrafía y Numismática, Latín y Árabe para acceder a los documentos medievales, y se le ha iniciado en el trabajo de Archivo, centrándole en una época histórica muy determinada y permitiéndole olvidar el resto de la historia. Al parecer, nadie se ha puesto a pensar en el problema de identidad que sobreviene a nuestro medievalista cuando se enfrenta a una clase bulliciosa de treinta adolescentes en una zona rural o en un bario conflictivo. El sentimiento de error y de autoconmiseración se apodera de nuestro nuevo profesor. El es un investigador, un medievalista, ha pasado dos veranos en el archivo de Simancas preparando su Tesina entre documentos originales que él es capaz de descifrar... ¿por qué le obligan ahora a enseñar Historia General, que no es lo suyo, y, de paso Geografía y Ética? Y[W18] , además, descubre horrorizado que los alumnos no tienen el menor interés por la Historia, y que temas claves de su especialidad -como el apasionante tema de su tesina- se despachan con dos párrafos en el libro de texto.
Para colmo, nuestro futuro profesor de secundaria se da cuenta de que no sabe cómo organizar una clase, cómo lograr un mínimo orden que permita el trabajo y cómo ganarse la atención de los alumnos. Aquí, el problema de perfilar una identidad profesional estable pasa por un auténtico proceso de reconversión, en el que el elemento central consiste en comprender que la esencia del trabajo del profesor es estar al servicio del aprendizaje de los alumnos. ¡Qué duro resulta comprender esto a la mayor parte de nuestros profesores de secundaria y de Universidad! Ellos son investigadores, especialistas, químicos inorgánicos o físicos nucleares, medievalistas o arqueólogos, ¿por qué van ellos a rebajar sus niveles de conocimientos a la mentalidad de treinta adolescentes bárbaros[W19] ? ¡Hay que mantener el nivel! -gritan exaltados-, y ello significa, en la práctica, que dan clase para dos o tres privilegiados, mientras el resto de los alumnos van quedando descolgados. Y además, hasta el fin de sus días, vivirán la enseñanza rumiando la afrenta de que la sociedad les obligue a abandonar el Olimpo de su investigación para mantener contacto un grupo de adolescentes.
Por contra, algunos profesores consiguen estar a gusto en su trabajo, y descubren que esto pasa, necesariamente, por una actitud de servicio hacia los alumnos, por el reconocimiento de la ignorancia como el estado inicial previsible, por aceptar que la primera tarea es encender el deseo de saber, por aceptar que el trabajo consiste en reconvertir lo que sabes para hacerlo accesible a un grupo de adolescentes[W20] ... Un viejo maestro me decía que, enseñar al que no sabe está catalogado, oficialmente, entre las obras de misericordia; y, en efecto, hace falta un cierto sentido de la humildad para aceptar que tu trabajo consiste en estar a su servicio, en responder a sus preguntas sin humillarlos[W21] , en esperar algunas horas en tu despacho por si alguno quiere una explicación extra, en buscar materiales que les hagan asequible lo esencial, y en recuperar lagunas de años anteriores para permitirles acceder a los nuevos conocimientos[W22] . Lo único verdaderamente importante son los alumnos... Esa enorme empresa que es la enseñanza no tiene como fin nuestro lucimiento personal, nosotros estamos allí para transmitir la ciencia y la cultura a las nuevas generaciones, para transmitir los valores y las certezas que la humanidad ha ido recopilando con el paso del tiempo, y advertir a las nuevas generaciones del alcance de nuestros grandes fracasos colectivos. Esa es la tarea con la que hemos de llegar a identificarnos.
Comunicación e interacción
El segundo problema a solucionar para ganarse la libertad de estar a gusto en clase hace referencia a nuestro papel de interlocutor. Un profesor es un comunicador, es un intermediario entre la ciencia y los alumnos, que necesita dominar las técnicas básicas de la comunicación. Además, en la mayor parte de los casos, las situaciones de enseñanza se desarrollan en un ámbito grupal, exigiendo de los profesores un dominio de las técnicas de comunicación grupal. Por tanto, ese proceso de aprendizaje inicial, que ahora se hace por ensayo y error, implica entender que una clase funciona como un sistema de comunicación e interacción[W23] .
Una buena parte de las ansiedades y los problemas de los profesores debutantes se centran en este ámbito formal de lo que se puede y lo que no se puede decir o hacer en una clase. El profesor novato descubre enseguida que, además de los contenidos de enseñanza, necesita encontrar unas formas adecuadas de expresión, en las que los silencios son tan importantes como las palabras, en las que el uso de una expresión castiza puede ser simpático o hundirnos en el más espantoso de los ridículos. El problema no consiste sólo en presentar correctamente nuestros contenidos, sino también en saber escuchar, en saber preguntar y en distinguir claramente el momento en que debemos abandonar la escena. Para ello hay que dominar los códigos y los canales de comunicación, verbales, gestuales y audiovisuales; hay que saber distinguir los distintos climas que crean en el grupo de clase los distintos tonos de voz que el profesor puede usar: un tono grave y pausado induce al grupo a la reflexión, mientras que si queremos animar un debate debemos subir algo el tono de voz... etc[W24] .
Los profesores experimentados saben qué lugar físico deben ocupar en una clase, dependiendo de lo que ocurra en ella; saben interpretar las señales gestuales que emiten los alumnos para regular nuestro ritmo de clase, y el dominio de éstas y otras habilidades de comunicación requiere entrenamiento, reflexión y una constante actitud de autocrítica para depurar nuestro propio estilo docente. Al final, conseguimos ser dueños de nuestra forma de estar en clase, conseguimos comunicar lo que exactamente queremos decir, y logramos mantener una corriente de empatía con nuestros alumnos[W25] .
Disciplina
Otro obstáculo serio a superar, quizás el que genera en los novatos la mayor ansiedad, es el problema de la disciplina. En realidad, es un problema muy unido a nuestros sentimientos de seguridad y a nuestra propia identidad como profesores. En este tema he visto de todo: desde colegas que entran el primer día en clase pisando fuerte, con aires de matón de barrio, porque alguien les ha dado el viejo consejo de que no pueden sonreír hasta Navidad, hasta colegas desprotegidos e indefensos incapaces de soportar el más mínimo conflicto personal. Entre esos dos extremos que van desde la indefensión hasta las respuestas agresivas, el profesor tiene que encontrar una forma de organizar a la clase para que trabaje con un orden productivo. Y, en cuanto comienza a hacerlo, descubre que esto tampoco se lo han enseñado. Se supone que el “buen profesor” debe saber organizar la clase, pero en pocas ocasiones se le ha contado al futuro profesor dónde está la clave para que el grupo funcione sin conflictos.
El viejo supuesto, según el cual, “para enseñar una asignatura lo único realmente importante es dominar su contenido[W26] ” encuentra en este campo su negación más radical. Entonces, el profesor descubre que debe atender otras tareas distintas a las de enseñar: tiene que definir funciones, delimitar responsabilidades, discutir y negociar los sistemas de trabajo y de evaluación hasta conseguir que el grupo trabaje como tal. Y esto requiere una atención especial, a la que también hay que dedicar un cierto tiempo. El razonamiento y el diálogo son las mejores armas, junto con el convencimiento de que los alumnos no son enemigos de quienes tienes que defenderte. Mi experiencia me dice que los alumnos son seres esencialmente razonables; es posible que, si te dejas, intenten llevarte al huerto y bajar algo tus niveles de exigencia, pero si la razón te asiste y en ella fundas tu propia seguridad[W27] , los alumnos saben descubrir muy bien cuáles son los límites.
Contenidos y niveles
Por último, nos queda el problema de adaptar los contenidos de enseñanza al nivel de conocimientos de los alumnos. El profesor novato tiene que entender que ha dejado la Universidad, tiene que desprenderse de los estilos académicos del investigador especialista, y adecuar su enfoque de los conocimientos para hacerlos asequibles a su grupo de clase. Yo también protesto por el bajo nivel con el que me llegan mis alumnos, pero protestar no sirve de nada, tienes los alumnos que tienes, y con ellos no hay más que una alternativa: o los enganchas en el deseo de saber, o los vas dejando tirados conforme avanzas en tus explicaciones. Hay quien, en salvaguarda del nivel de enseñanza, adopta la segunda opción; pero a mí siempre me ha parecido el reconocimiento implícito de un fracaso; quizás porque, como dije antes, hace tiempo que descubrí que en cualquier asignatura, lo único importante es ser maestro de humanidad.
El orgullo de ser profesor
Y ahora, ya, el tiempo corre en mi contra. No espero nada nuevo del futuro: he hecho lo que quería hacer, y estoy donde quería estar. [W28] Es posible que mucha gente piense que ser profesor no es algo socialmente relevante, pues nuestra sociedad sólo valora el poder y el dinero; pero a mí me queda el desafío del saber y la pasión por comunicarlo. Me siento heredero de treinta siglos de cultura, y responsable de que mis alumnos asimilen nuestros mejores logros y extraigan consecuencias de nuestros peores fracasos. Y, junto a mí, veo a un nutrido grupo de colegas, en las zonas rurales más apartadas y en los barrios más conflictivos, orgullosos de ser profesores, trabajando día a día por mantener en nuestra sociedad los valores de la cultura y el progreso... entre ellos hay valiosos maestros de humanidad: hombres y mujeres empeñados en enseñar a sus alumnos a enfrentarse consigo mismos desde el preescolar hasta la Universidad.
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MIGUEL DE UNAMUNO (1864-1936)
Escritor, filósofo, humanista. Rector de la Universidad de Salamanca. Autor de una extensa obra literaria en la que destacan sus ensayos, en los que analiza la realidad social con una visión crítica y con una fuerte implicación personal. Se le considera uno de los mejores representantes de la Generación del 98. Su enfrentamiento a la dictadura de Primo de Rivera le llevó al destierro.
FRANCISCO GINER DE LOS RIOS (1839-1915)
Catedrático de derecho de la Universidad de Madrid. En 1876 renuncia a su puesto en defensa de la libertad de cátedra y funda la Institución Libre de Enseñanza, la institución educativa más innovadora en la España de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Su Residencia de Estudiantes es el centro clave de reunión y de formación de los mejores intelectuales y artistas españoles del siglo XX.

[W1]Es bien cierto que hay que esperar algunos semestres de recorrido docente para adquirir la experiencia necesaria. No es fácil dominar las técnicas para ser un buen interlocutor y muchas veces esta habilidad es innata, solo hay que perfeccionarla y cuando se tiene y de la mano con la seguridad y dominio de lo que se hace, permite generalmente resolver la disciplina. En cuanto a la adaptación de los contenidos al nivel del alumnado, hay que hacer un diagnóstico y por supuesto tener experiencia para hacer esa adaptación con atingencia y precisión.

[W2]Al respecto opino que para ubicarse en la segunda opción tiene mucho que ver la vocación, ya sea innata o adquirida, también el propio nivel profesional y docente del facilitador y sin duda la experiencia, cuando ya se tiene.

[W3]Sin duda que eso nos ha pasado a todos y poco a poco vamos madurando y adquiriendo dominio de grupo y del escenario.
Si consideramos la sabiduría como experiencia y seguridad, éstas no tarda en aparecer.

[W4]Es decir, interesarse en mejorar cada día el accionar docente.

[W5]Aquí entiendo por pensar al dominio de los contenidos y sentir como experimentar lo tangible, esto es la aplicación. Pensar y sentirlo uno como docente y lograr que el estudiante lo piense y lo sienta, esto último mucho más difícil por la heterogeneidad de los grupos y más aun la heterogeneidad de los estudiantes de un mismo grupo. Difícil, no imposible.

[W6]Pos supuesto que la mente del estudiante se abre para asimilar y acomodar el nuevo conocimiento aprendido, esto si el maestro lo logra. Y uno mismo aprende ya que ningún grupo y mucho menos ningún estudiante es igual, lo que nos enriquece con nuevas experiencias y conocimientos.

[W7]Nuestros estudiantes adolescentes sin experiencias o con malas experiencias, necesitan que el profesor, el adulto les apoye a entenderse como personas, como humanos, como responsables de su futuro y de la sociedad en que viven, y esto va engranado con los contenidos y aplicaciones de la materia que nos toque desarrollar.

[W8]En particular en la ciencia a la que corresponden las materias que he trabajado, la matemática, se dice que se han descubierto por la necesidad de resolver un problema de la humanidad o que ayudará a ésta a avanzar científica y tecnológicamente, muchas veces pensando en el valor humano en su bienestar y algunas otras por qué no decirlo, desgraciadamente en su destrucción.

[W9]En el constructivismo justo de eso se trata, de hacer pensar al estudiante para que él redescubra el conocimiento y lo haga suyo al aplicarlo. Lo anterior lo logrará si comprende la naturaleza y problemáticas del mundo que lo rodea.

[W10]Aquí se refiere a recuperar los conocimientos previos que el alumno ya tiene, y engranarlos con el nuevo contenido motivo de aprendizaje.

[W11]Es justo lo que la Reforma Integral de La Educación Media Superior nos está pidiendo que hagamos, para hacer de nuestros alumnos, mujeres y hombres humanos, críticos y conocedores de la utilidad de los conocimientos que han harán suyos en su estancia en el bachillerato.

[W12]Es esencialmente el reto que nos pone la reforma. Para nuestros estudiantes, ese maestro, ese alguien que refiere la lectura, debemos ser nosotros.

[W13]Para el caso de las matemáticas, materia que enseño, desafortunadamente cuando los estudiantes llegan a este nivel educativo, muchos le tienen temor, miedo y hasta odio y a pesar de ello debemos lograr nuestro cometido.

[W14]Lo que subrayo es justo lo que se aprende en el andar docente. Alguien dijo: caminante no hay camino, se hace camino al andar.

[W15]Sin embargo en estos años aprendimos por ensayo y error, pero sin perjudicar a nuestros estudiantes, ellos no tuvieron la culpa de nuestra inexperiencia.

[W16]Es indispensable ejecutar lo que se señala en este párrafo, sin embargo varias veces no se hace.

[W17]Ya hemos tratado este punto en los comentarios de los foros. Nuestro grupo, me refiero al 275, en general, algunos sí estudiamos para enseñantes y los que no, en su mayoría, adquirimos la vocación después, es decir, haciendo camino al andar, empero debemos realizar nuestro trabajo como lo pide la reforma y para eso estamos en esta especialización que me está llenando el ojo.

[W18]Y no necesariamente le obligan, más bien él lo ha decidido así, como lo dijo uno de mis profesores, lo decidió con el estómago y no con el cerebro, sin embargo su familia y él necesitan comer.

[W19]No es rebajarlos, sino adaptarlos y al principio es difícil, no imposible.

[W20]En resumen tiene vocación de servicio, como docentes y en beneficio de sus alumnos.

[W21]Debería castigarse al que humille a sus alumnos, aunque hagan preguntas abvias.

[W22]Desafortunadamente sucede con frecuencia y me refiero a las lagunas de conocimientos previos que deben tener los alumnos y adolecen de ellos.

[W23]Se entiende que con la reforma, aunque la hayamos entendido poco, es lo que debemos estar haciendo, logrando una interacción maestro-alumno y alumno-alumno, para que éstos logren descubrir, hacer suyo y aplicar el conocimiento.

[W24]Cuando ya se tiene experiencia, eso se hace hasta mecánicamente, quiero decir, sin pensarlo.

[W25]Hemos adquirido la experiencia y por tanto la seguridad.

[W26]Claro que no es lo único importante, ya se ha tratado en la lectura, pero sí es muy importante.

[W27]Solo cuando tienes la razón.

[W28]En lo particular comparto esta expresión en mi trabajo académico, ya que fuera de él, fuera de la escuela aun me hace falta, es necesario algo más, aunque esto es punto y aparte.

Los saberes de mis estudiantes

LOS SABERES DE MIS ESTUDIANTES
1) Lo que nuestros estudiantes saben hacer en Internet.
Después de haber investigado a través de una pregunta escrita, con diez de mis alumnos, encontré que lo que ellos saben hacer es en su mayoría como reservorio, específicamente ven y escuchan videos, chatean, ven documentales, investigan consultando páginas para trabajos de la escuela, investigan sobre otras escuelas y negocios, descargan programas de acces, revisan su cuenta de correo, conversan con amigos en el Messenger, buscan información interesante para adquirir más conocimientos, practican juegos de habilidad mental, entran a temas de reflexiones y exploran páginas. Como espacio social es más poco lo que hacen: mandan archivos a otros usuarios, suben fotografías e ingresan a facebook. Todo lo anterior expresado en palabras de los estudiantes.
2) ¿Qué podemos hacer para aprovechar esos saberes en el aula?
Lo primero es que nosotros docentes nos demos el tiempo de ingresar a internet e investigar temas relacionados al proceso educativo de nuestras materias y utilizarlos en el aula, sé que muchos docentes ya lo hacen, y después dando ejemplo a nuestro estudiantes se podrán inducir a que lo que saben hacer en la red, lo canalicen al aula para diversificar y potenciar las formas de aprender y compartir conocimientos con los compañeros.
3) ¿Quién van a enseñar a quién y qué le enseñará?
El trabajo colaborativo es un aspecto de la reforma y bien coordinado seguro que funcionará, por lo tanto, todos van a enseñar a todos, incluyendo el docente facilitador. Lo que se va enseñar es principalmente los contenidos de las materias, con nuevas técnicas y métodos de enseñanza aprendizaje y muchas de esas técnicas pueden ser basadas en el uso de las TICs, también se debe enseñar valores a través de ejemplos vividos por el maestro y estudiantes, enseñar mutuamente los saberes sobre el correcto uso del internet principalmente sobre los contenidos de la materia y como aprenderlos más fácil.
4) ¿Dónde lo harán?Preferentemente en las horas clase en el aula, con el uso de las computadoras que algunos alumnos tienen, además, en trabajos extraclase por equipo en la casa de alguno de los estudiantes en un ciber o biblioteca.